¿Por qué se dice que el alza del sueldo mínimo y las 40 horas afectaron al empleo?
La situación del mercado laboral en Chile enfrenta un momento de incertidumbre. Según las cifras más recientes, el desempleo alcanzó un 8,7% a julio de 2025, lo que refleja un estancamiento en comparación con el mismo periodo del año anterior.
Durante los últimos doce meses, el empleo no ha logrado recuperarse con la fuerza esperada, incluso en un escenario donde la economía muestra algunos signos de estabilidad. En este contexto, expertos han puesto atención en dos medidas que han marcado la agenda laboral, como son el aumento del sueldo mínimo y la reducción de la jornada laboral a 40 horas.
Si bien ambas iniciativas buscan mejorar la calidad de vida de los trabajadores, también han generado tensiones en el mercado laboral que ayudan a explicar el escenario actual, lo que ha llevado a cuestionamientos sobre su implementación, considerando la gradualidad que ésta en el mediano plazo.
El impacto del alza del sueldo mínimo en la creación de empleo
El aumento del salario mínimo es una de las políticas sociales más relevantes de los últimos años. La medida, que ha implicado aumentos graduales cada 6 meses en los últimos 3 años, se planteó con el objetivo de otorgar mayor poder adquisitivo a los trabajadores de ingresos más bajos, que en muchos casos les complica llegar a fin de mes.
Sin embargo, en la práctica, el incremento también ha significado mayores costos operativos para las empresas. En sectores como el comercio (sobre todo el pequeño), la agricultura y los servicios, donde existe un alto número de trabajadores con remuneraciones cercanas al mínimo, la medida obligó a realizar ajustes significativos. En tanto, para compañías grandes con mayor capacidad financiera, la carga ha podido ser absorbida más fácilmente.
En el caso de las micro, pequeñas y medianas empresas (mipymes), que son las que ofrecen empleo formal a cerca del 65% de las personas a nivel nacional, es donde se han generado mayores problemas, ya que operan con márgenes estrechos, por lo que el aumento del sueldo mínimo ha implicado decisiones difíciles como suspender nuevas contrataciones, reducir horas extras, redistribuir funciones e incluso prescindir de puestos de trabajo.
Aunque en el papel más dinero en los bolsillos de los trabajadores debería traducirse en mayor consumo, ese círculo virtuoso no siempre se da en forma natural, sobre todo si la economía en su conjunto no crece al mismo ritmo, ese costo adicional de la mano de obra puede transformarse en un freno a la generación de nuevos empleos, junto con un aumento del costo de la vida.
La reducción a 40 horas y sus efectos en la productividad
La implementación gradual de la jornada laboral de 40 horas semanales también ha significado un cambio profundo. Para muchos trabajadores, la medida representa una mejora en su calidad de vida al tener más tiempo para la familia, el descanso o el desarrollo personal. Pero, desde el punto de vista empresarial, reducir cinco horas de trabajo a la semana sin afectar los niveles de productividad no siempre es sencillo. En Chile la productividad no es una característica dominante a nivel nacional.
En grandes corporaciones, ha sido posible aplicar tecnologías, reorganizar procesos y aumentar la eficiencia para compensar la reducción de horas. Pero en rubros como la construcción, la manufactura o la atención al público, la menor disponibilidad horaria de cada trabajador se ha traducido en la necesidad de contratar más personal para cubrir los mismos turnos, lo que eleva los costos de operación. Para las empresas que no pueden asumir ese gasto, la alternativa ha sido postergar proyectos o frenar la contratación.
En consecuencia, la reducción a 40 horas ha traído beneficios sociales, pero también ha tensionado un mercado laboral que ya venía debilitado por la falta de dinamismo en la creación de empleo.
El golpe a las pymes: el eslabón más débil del mercado laboral
Las pymes representan alrededor del 65% del empleo formal en Chile y constituyen un pilar clave para la economía. Sin embargo, también son las más sensibles a cambios normativos que elevan sus costos. En este contexto, el alza del sueldo mínimo y la jornada de 40 horas llegaron en un momento en que muchas aún se estaban recuperando del encarecimiento de insumos, de los efectos del llamado “estallido social”, de la pandemia, la inflación y la baja demanda interna.
Para estas empresas, que tradicionalmente dependen de presupuestos ajustados, la combinación de ambas medidas ha sido compleja. Algunas han optado por reducir su personal, otras han migrado hacia esquemas de empleo temporal o subcontratado, y en algunos casos se ha dado un retroceso hacia la informalidad, lo que termina precarizando las condiciones laborales.
Esta situación evidencia la necesidad de que las políticas públicas vayan acompañadas de apoyos directos a este sector, como subsidios, capacitación y acceso al crédito. Si ese apoyo la situación continuará deteriorándose.
Otros factores detrás del estancamiento del empleo
Si bien los cambios normativos tienen un peso importante, no son la única explicación del estancamiento laboral. La inversión privada ha mostrado un dinamismo limitado, en gran parte por la incertidumbre política y regulatoria que ha marcado los últimos años. A esto se suma la desaceleración económica global, que afecta la demanda de productos chilenos en el extranjero, especialmente en sectores como la minería y la agricultura.
La automatización y la digitalización de procesos también han reducido la necesidad de ciertos perfiles laborales, generando un desajuste entre lo que ofrecen los trabajadores y lo que requieren las empresas. Además, el aumento sostenido en los costos de energía y transporte ha reducido los márgenes de operación en múltiples rubros, limitando la capacidad de contratar.
En conjunto, estos factores dibujan un panorama en el que la creación de empleo estable resulta más difícil de sostener.
¿Qué se puede hacer frente a este escenario?
En medio de un escenario complejo para el mercado laboral chileno, el desafío de fondo es encontrar un equilibrio que permita garantizar derechos laborales y, al mismo tiempo, fomentar la generación de empleo.
Para avanzar en esa dirección, el consenso entre los expertos es que se necesita un enfoque integral que permita fortalecer el apoyo a las pymes con incentivos que les permitan absorber los mayores costos que generan las nuevas normativas y al mismo tiempo, impulsar medidas de reducción de impuestos para ofrecer apoyos reales a este sector tan importante de la producción nacional. Adicionalmente, es importante impulsar la inversión en sectores estratégicos y promover programas de capacitación que faciliten la reconversión laboral hacia áreas más dinámicas, como la tecnología, y los servicios especializados y la economía verde.
La clave está en comprender que las transformaciones laborales deben ir acompañadas de medidas que aseguren la sostenibilidad de las empresas. De lo contrario, las buenas intenciones pueden terminar fracasando, ya que pueden derivar en el frenando la creación de empleo formal y empujando a más personas hacia la informalidad.
Aunque el panorama actual refleja desafíos importantes, también existen oportunidades para quienes buscan empleo. Sectores como la tecnología, la salud, la logística y los servicios especializados están mostrando un grado de dinamismo. Además, muchas empresas están recurriendo a esquemas de empleo flexible o temporal para adaptarse a los cambios normativos, lo que abre puertas para quienes buscan insertarse o reinsertarse en el mercado laboral.
En ese contexto, los servicios que entrega ATCOM ofrecen un espacio ideal para acceder a nuevas oportunidades. A través de ellas, es posible encontrar trabajos en diferentes rubros y modalidades, adaptados a las necesidades de los trabajadores y a la realidad de las empresas. Explorar estas alternativas no sólo permite enfrentar de mejor manera el actual escenario, sino también proyectarse hacia un futuro laboral más estable.
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